

Iniciamos esta sección dedicada a la literatura de viajes, un género ya consolidado en las librerías, en pleno verano. La mejor época del año para disfrutar de ambas cosas, ya sean juntas o separadas. Los días más largos, el tiempo libre o las vacaciones son la excusa perfecta para planear un viaje o para poder degustar los pasos de otros mediante un buen libro.
África ha sido una musa para grandes autores de la literatura. Sus gentes, el color de sus tierras o los sonidos de sus tambores han servido de inspiración cientos de viajeros. Prueba de ello la encontramos en la extensa bibliografía de grandes clásicos basada en este continente mágico. Desde los relatos homéricos, el ser humano ha sentido la necesidad de relatar historias sobre viajes, lugares desconocidos y culturas lejanas. La humanidad se ha servido de ellos para conocer lugares remotos durante siglos.
En cierto modo la vida se asemeja en muchos aspectos a un viaje y en muchas culturas los desplazamientos geográficos son parte de la mera supervivencia o incluso parte del plan vital que todo individuo debe seguir.

Francesc Castanyer Castellví
Se dice que un buen viajero es aquél capaz de aprender y desaprender en cada paso que da. Posiblemente eso es lo que encontramos en las palabras de Francesc Castanyer en su libro Crónicas desde el sur de África (Ed. Altaïr, 2010). Su exhaustivo trabajo nos permite vivir en primera persona la experiencia de dejar lo que nos rodea y dedicarse a viajar por el mundo. En este caso narra de forma autobiográfica sus inicios en el trabajo de guía en un largo viaje de dos meses y medio por Sudáfrica, Namibia, Botsuana, Zimbabwe, Zambia, Malaui y Mozambique. En el relato se nos hace evidente la formación antropológica del autor a través del profundo retrato de las etnias, pueblos y culturas que describe además de la historia de los países y los visitantes que han poblado estas tierras. Unas crónicas viajeras que nos invitan a descubrir una región, el África austral, y a acercarnos a sus gentes y tradiciones.

Jordi Serrallonga
Por lo general un gran viaje es aquél que nos alimenta de recuerdos durante mucho más tiempo de lo que dura el trayecto. En algunos casos sería necesario algún tratamiento de ayuda para sobrevivir a la vuelta a la jungla de asfalto y al choque cultural que supone viajar al continente africano. Un remedio parecido es el que nos ofrece el arqueólogo, científico y viajero Jordi Serrallonga. Tras una carrera dedicada al estudio de los primeros homínidos y de los orígenes del ser humano, ha pasado largas temporadas de su vida en tierras tanzanas del valle del Rift, aprendiendo de las tribus Maasai o Hadzabe los trucos para la vida en esas tierras. En África en diez palabras (Plataforma Editorial, 2011), Serrallonga nos trae un manual de supervivencia muy útil para aquellos a los que les cueste readaptarse al ritmo de las grandes ciudades europeas a su vuelta de un viaje. En un ameno relato, y a través de diez palabras en Zwahili y su significado en la vida africana, el autor desgrana sus reflexiones sobre la mejor forma de adaptarse al medio en las grandes ciudades.
Dos propuestas que invitan a descubrir un continente muy cercano y aun así muy desconocido. Otra forma de viajar o de planificar unas vacaciones que nos recuerdan que la vida es en sí misma un largo trayecto.


Uganda hacia Kenya con el número de registro AQ01 y llevaba ya más de diez años en el jardín de Evans en Nairobi cuando Cam McLeay, un aventurero neozelandés enamorado del Nilo, la compró.

Queremos darte las gracias nuevamente, por esos días tan especiales, en los que nos mostraste una África que no conocíamos y que solo se puede sentir cuando estás ahí. Es difícil elegir un momento o una emoción… porque son muchas: la convivencia contigo y con el grupo con el que coincidimos, las puestas de sol y los amaneceres impresionantes, las personas que saludaban incansablemente al camión en cualquier parte, las riquísimas comidas que Arón preparaba y que no dejaron de sorprendernos ningún día, los recibimientos maasais, la gran cantidad de animales que vimos y lo cerca que estaban, los paisajes, las aguas cristalinas, el arrecife y los peces de colores… Incluso echamos de menos las «carreteras» (bueno la del Serengueti al Ngorongoro, no; esa no la echamos de menos) y los madrugones… cuantas cosas y que intenso fue… Como nos ha gustado TODO!!!!!


Las sukalas, están construidas sobre dos necesidades:




Con estos vehículos 4X4 completamente abiertos (como el camión) se puede acceder a la zona de Musiara realizando lo que los conductores locales conocen como el “doble cruce” de los rios Niakitiak y Olare Orok (donde hay un hippo pool) así como acceder a las orillas del Mara (donde vi la migración) cruzando el río Talek por la zona de Olkiombo airstrip y llegar a varios puntos donde los Ñues cruzan el río aumentando mucho las probabilidades de disfrutar de uno de los mayores espectáculos de la tierra.
materiales locales. Manteles estilo Masai, candiles para crear un ambiente acogedor y cómodos cojines para tumbarse tras la cena alrededor del fuego… Todo esto con vistas al río Talek!



